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Orientalismo: ¿y eso qué es?

“No pueden representarse a sí mismos, deben ser representados”
Marx, en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte.

Hace una semana, una estudiante de Periodismo en España se puso en contacto conmigo para hacerme una entrevista sobre la labor de los periodistas durante los Juegos Olímpicos de Pekín. A lo largo de la charla, le conté que la labor de los medios de comunicación había sido injusta con China, había mostrado un gran desconocimiento de este país, se había caracterizado por el doble rasero y el eurocentrismo (nada que no me hayáis escuchado decir antes). Como se necesita mucho tiempo para explicar todo esto, al final de la conversación sólo pude decirle una cosa: “Lee Orientalismo. Está todo ahí”.

Como sabéis, Orientalismo es el libro de Edward Said publicado en 1978, casi siempre envuelto en polémicas y que sigue dando que hablar 30 años después de su publicación. En este libro, Said pone a parir la tradición de estudios orientales en Europa y en Estados Unidos, acusándola de imperialista, eurocentrista y racista. Según su autor, el orientalismo nace en un contexto de colonización oriental y envuelto en los pensamientos de superioridad europea, lo cual marcará para siempre las ideas sobre los orientales. El discurso orientalista ha sido tan potente que ha contaminado cualquier intento por estudiar esos “otros”, desde películas y novelas hasta informes, reportajes y noticias. Al contrario de lo que pudiera parecer, defiende Said en 1995, las cosas han cambiado muy poco desde entonces.

Pero, ¿cómo justifica todo esto Said? ¿Cuáles son los principales argumentos de su libro?

1 – Limitación personal. Desde que somos pequeñitos, hay toda una serie de valores, historias, anécdotas y discursos que han ido conformando nuestra personalidad sin que nos demos cuenta. Said cita a Gramsci, que lo explica mucho mejor que yo:

El punto de partida de cualquier elaboración crítica es la toma de conciencia de lo que uno realmente es; es decir, la premisa “conócete a ti mismo” en tanto que producto de un proceso histórico concreto que ha dejado en ti infinidad de huellas sin, a la vez, dejar un inventario de ellas.

Es decir, que a la hora de abordar otras culturas, es imprescindible darse cuenta de que nuestras ideas no son algo “natural”, sino fabricado por una tradición cultural determinada. Según Said, la tradición orientalista ha dejado muchas huellas que hacen imposible un trabajo justo y objetivo sobre los pueblos orientales.

2 – Orientalismo = Imperialismo. Cualquier escrito se produce en unas condiciones sociales y políticas determinadas, y el nacimiento del Orientalismo en el siglo XIX es producto de la época de mayor imperialismo europeo. Said dice:

El período en el que se produjo el gran progreso de las instituciones y del contenido del orientalismo coincidió exactamente con el período de mayor expansión europea; desde 1815 a 1914 el dominio colonial europeo directo se amplió desde más o menos un 35% de la superficie de la Tierra hasta un 85%.

El Orientalismo, por tanto, no fue una disciplina independiente y objetiva que se acercaba a las culturas orientales, sino una disciplina que dependía políticamente de la metrópoli y que como ella adoptaba una visión imperialista. Occidente administraba sus regiones y disponía de sus recursos; “Europa mantuvo siempre una posición de fuerza”; el Orientalismo fue reflejo de esas ideas eurocéntricas y el instrumento para llevarlas a cabo.

Como fruto de su contexto político y social, el Orientalismo asumió las ideas que eran consideradas como verdades en aquel momento: la superioridad de la cultura occidental y la inferioridad del resto de razas.

A este respecto, no conviene pensar que el Orientalismo ha sido un fenómeno sólo del siglo XIX. No hay más que pensar en los intereses que los países occidentales siguen teniendo en Oriente (el control del petróleo en Oriente Medio, la política respecto a Israel, Irán, el control del ascenso de China, etc…) para darse cuenta de que pocas cosas han cambiado y el conocimiento sigue siendo utilizado como arma política. “Las pautas de poder y dominación siguen siendo las mismas”, escribe Said en el epílogo de la edición de 1995.

3 – Hegemonía cultural. Por lo tanto, el dominio político y económico dio lugar a un dominio cultural. Una hegemonía que ha sido total y duradera, y que ha permitido instalar esos prejuicios y falsedades como verdades asumidas. El discurso sobre los chinos o sobre los árabes no nos ha llegado a través de sus producciones culturales, sino a través de la visión que los occidentales han tenido de ellos (de ahí el “no pueden representarse a sí mismos, tienen que ser representados”).

Said, apoyado en los discursos de los orientalistas Cromer y Balfour, lo explica así:

[…] el oriental es descrito como algo que se juzga (como en un tribunal), que se estudia y examina (como en un currículo), que se corrige (como en una escuela o una prisión), y que se ilustra (como en un manual de zoología). En cada uno de estos casos, el oriental es contenido y representado por las estructuras dominantes.

La mejor muestra de que el Orientalismo parte de una hegemonía cultural es que no “hay un campo similar al otro lado del globo”, es decir, un Occidentalismo.

4 – Exterioridad. Los orientalistas siempre juzgaron a Oriente desde fuera, sin identificarse realmente con los habitantes de los que hablaban. Los occidentales que vivían en las colonias no podían dejar de ser británicos, franceses o estadounidenses, y como tales vivían una vida que poco tenía que ver con las de los locales (embajadas, casas de lujo, etc…). [Nótese que muchas de estas cosas no han cambiado]

Ningún orientalista, escribe Said, “se ha identificado jamás, desde un punto de vista cultural y político, sinceramente con los árabes”. Es lo que el escritor denomina “idea de la exterioridad”. “Ninguno de los orientalistas de los que hablo parece haberse planteado el hecho de que un oriental pudiera leer sus libros”, dice el autor.

5 – Deshumanización. El mero calificativo de Oriente u oriental es una buena muestra del afán por la clasificación y la ausencia de historias personales. Cuando se construye el discurso orientalista no se está hablando de personas humanas como “nosotros”, con anhelos, sentimientos e ideas, sino de un conjunto de habitantes siempre pasivos.

Un aspecto sorprendente de la atención que las nuevas ciencias sociales estadounidenses prestan a Oriente es que evita la literatura. […] [el objetivo es] mantenerlas deshumanizadas. Cualquier poeta o escritor árabe -que son muy numerosos- escribe sobre sus experiencias, sus valores y su humanidad (por muy extraño que pueda parecer), y de esta manera perturba de modo eficaz los diversos esquemas (imágenes, estereotipos y abstracciones) por los que representa a Oriente.

6 – Definición. Por si no ha quedado del todo claro, os dejo con algunos párrafos en los que Said explica el núcleo central de sus más de 400 páginas de libro :

Un campo como el orientalismo tiene una identidad acumulada y corporativa particularmente fuerte dadas sus asociaciones con la ciencia tradicional (los clásicos, la Biblia, la filología), con las instituciones públicas (gobiernos, compañías comerciales, sociedades geográficas, universidades) y con obras determinadas por su género (libros de viajes, libros de exploraciones, de fantasía o descripciones exóticas). Como resultado de todo esto, el orientalismo se ha constituido como un tipo de consenso: ciertos asuntos, ciertos tipos de enunciados, ciertos tipos de trabajos han sido correctos para el orientalista.

El orientalismo, en consecuencia, se puede considerar una forma regularizada (u “orientalizada”) de escribir, de ver y de estudiar dominada por imperativos, perspectivas y prejuicios ideológicos claramente adaptados a Oriente. Oriente es una entidad que se enseña, se investiga, se administra y de la que se opina siguiendo determinados modos.

El orientalismo mantiene una posición de autoridad tal que no creo que nadie que escriba, piense o haga algo relacionado con Oriente sea capaz de darse cuenta de las limitaciones de pensamiento y acción que el orientalismo le impone. En otras palabras, por el orientalismo, Oriente no fue (y no es) un tema sobre el que se tenga libertad de pensamiento o acción. […] La cultura europea adquirió fuerza e identidad al ensalzarse a sí misma en detrimento de Oriente, al que consideraba una forma inferior y rechazable de sí misma.

Si esta definición de orientalismo parece sobre todo política, es simplemente porque considero que el orientalismo es en sí mismo el producto de ciertas fuerzas y actividades de carácter político.

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River Town, hay que leerlo

River Town es uno de esos libros que te pueden cambiar la vida (sobre todo si estás en China). Peter Hessler, un estadounidense que ha colaborado conThe New Yorker y National Geographic, cuenta los dos años que pasó en un pequeño pueblo de Sichuan enseñando inglés. No hay nada espectacular en esta historia. Es un relato cotidiano de las experiencias diarias de este profesor, que se mueve entre su integración en el pueblo y su rol como extranjero. Hessler nos cuenta el trato con los estudiantes, sus historias personales, las relaciones con los miembros del Partido Comunista Chino, la forma en la que los estudiantes interpretan los textos de Shakespeare, la comida de Sichuan…

Un libro sencillo que es en realidad una obra maestra, que desborda curiosidad, ternura e interés en cada una de sus páginas, y que recuerda al mejor Hemingway o Truman Capote. El estilo que Hessler utiliza es de una sencillez pasmosa, muy realista, ciñiéndose a los hechos; pero la profunidad de sus historias, el fondo de esas conversaciones con los locales, son una muestra profunda de esa China que él contempló durante dos años.

Hessler mezcla a lo largo de estas casi 400 páginas la autobiografía, el ensayo y la literatura, en un libro que es difícil dejar de leer. Me ha gustado especialmente porque Hessler se convierte durante esos dos años en un periodista, en un hombre curioso que se acerca a los acontecimientos sin prejuicios, que reconoce los “errores” de su propia cultura, que convierte a sus amigos chinos en los auténticos protagonistas de sus historias.

¿Qué más puedo decir de este libro? Por favor, léanlo.

Relacionado: entrevista con Peter Hessler

También de Hessler, Tibet through Chinese Eyes. Creo que muestra muy bien el estilo que Hessler utiliza en sus textos.

National Geographic: Voices – Petter Hessler

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EL PIANISTA GARCÍA MÁRQUEZ

Hoy es el cumpleaños del gran García Márquez, uno de los más grandes de todos los tiempos. Ya he escrito sobre él en otras ocasiones, así que os dejo con el artículo de Winston Manrique en El País:

– LO QUE HUBIERA QUERIDO SER. Gabriel García Márquez lo supo hace muchos años, en Zúrich, cuando una tormenta de nieve lo llevó a un bar. Su hermano Eligio recuerda cómo Gabo se lo contó: “Todo estaba en penumbra, un hombre tocaba piano en la sombra, y los pocos clientes que había eran parejas de enamorados. Esa tarde supe que si no fuera escritor, hubiera querido ser el hombre que tocaba el piano sin que nadie le viera la cara, sólo para que los enamorados se quisieran más”.

Todo García Márquez, pieza por pieza

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EL ABSURDO

Albert Camus siempre me ha parecido uno de los MÁS GRANDES. Tras leer el fantástico artículo de Manuel Vicent en El País, llevo el mes de agosto releyendo algunas de sus obras. Me parece que la mejor forma en la que Camus expresa sus inquietudes y su pensamiento son sus novelas (sobre todo El Extranjero, a la que más cariño le tengo) y sus obras de teatro (todas te ponen en situaciones muy complicadas filosóficamente hablando, aunque yo me quedo con Calígula).

Sin embargo, por curiosidad me he lanzado a leer El mito de Sísifo, un ensayo de casi 200 páginas donde explica su visión de lo que es el absurdo. Se trata de un libro puramente filosófico, donde analiza lo que otros pensadores han escrito sobre el tema y donde no escatima argumentos filosóficos para defender sus posiciones. Una obra seca, directa y compleja; una guía para comprender la obra y el pensamiento de Camus; una muestra de lo que supuso la Segunda Guerra Mundial para toda una generación.

Si por algo me gusta Camus es porque siento que detrás de esos libros hay una persona, porque me parece que me está hablando directamente a mí. Como escribía Walt Whitman en Canto a mí mismo, “Esto no es un libro. Quien lo toca está tocando a un hombre”.

Algunas de las frases de Camus en El mito de Sísifo:

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COMUNICAR ES EDUCAR

Margarite Rivière lo deja muy claro en El malentendido: “los medios de comunicación son educación. Hay que decirlo con claridad”. La televisión lanza mensajes, formas de pensar y actitudes que llegan a millones de ciudadanos todos los días. Niños y jóvenes pasan casi tanto tiempo frente a la televisión como en clase, y es por eso que su responsabilidad en la sociedad es tan importante.

Rivière compara la televisión con el nuevo catedrático de la familia: “La televisión se ha convertido ya en el miembro más importante de la familia, en el más influyente y en el que reúne en torno suyo a todos los demás. La televisión deviene no sólo en un miembro de la familia o en un amigo para cualquier soledad, sino en un `catedrático´ todo terreno, activo a cualquier hora del día”.

Sin embargo, este aumento de la fuerza de los medios de comunicación no se ha visto acompañado por un aumento de las responsabilidades periodísticas. Los medios de comunicación parecen haberse olvidado de su función educadora. Los periodistas somos también, en cierta medida, profesores.

Estas reflexiones vienen a cuento de las declaraciones de Emilio Lledó a La Vanguardia, donde dice algunas cositas como esta:

La televisión es una corruptora de neuronas. El bien, la justicia, parecen un sueño utópico; en el momento en que desaparezcan quedará el imperio de la dentellada y de la metralleta. Me parece demencial que la televisión pueda trivializar las imágenes del horror aunque sea en directo. Se difunde la cultura del morbo, del cotilleo, y una cosa es entretener y otra degenerar.

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