China y su contaminación

Hoy que acaba la Conferencia de Bali (que pretende sentar las bases de un nuevo acuerdo medioambiental tras el Protocolo de Kyoto) voy a hacer de abogado defensor del principal acusado: China. Algunos pensarán que estoy loco, que es imposible defender al país que se ha convertido en el mayor contaminante de dióxido de carbono y que amenaza, según defienden muchos medios, con destruir el planeta.

Aquí van los argumentos con los que este abogado de oficio intentará convencer a sus señorías de la inocencia del acusado:

1 – La culpa del calentamiento global no es de China. Sí, puede sonar a perogrullada, pero después de leer algunas noticias en varios medios ya comenzaba a pensar que China llevaba siglos emitiendo gases por todo el planeta y manchando los tejados de nuestras casas. Lo cierto es que China (país más poblado del mundo, con 1.300 millones de habitantes), recién se ha convertido en 2006 en el primer emisor de dióxido de carbono. Culpabilizar a China (que hasta hace 20 años a penas contaminaba) de la situación actual del planeta es absurdo.

Un poco de autocrítica por parte de Norteamérica y Europa no vendría mal. Son ellos los que tienen que asumir su responsabilidad histórica y tirar del carro. Los que han estado contaminando el planeta desde hace un par de siglos han sido ellos, cosa que casi nadie se atrever a decir. “Si los ricos emitieron ayer, el mundo emergente va a hacerlo hoy”, ha declarado la india Sunita Narain, directora de la ONG Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente.

2 – Los chinos contaminan menos que los occidentales. Aunque China sea el mayor emisor de dióxido de carbono, suena bastante lógico que así sea teniendo en cuenta que es el más poblado. Un chino todavía emite de media 5 veces menos gases causantes del efecto invernadero que un estadounidense. Espero que pensar que los chinos tienen los mismos derechos que los estadounidenses no sea considerado como un atrevimiento por mi parte.

España también debería aplicarse el cuento, ya que ha incumplido todas las promesas firmadas en el Protocolo de Kyoto (aunque a los medios de comunicación españoles parece importarles mucho más la amenaza amarilla -bueno, ahora ya negra-).

3 – China contamina en casa, pero sus productos son consumidos en todo el mundo. Como se viene diciendo desde hace años, China se ha convertido en la “fábrica del mundo”. Según la Academia China de Ciencias Sociales y la WWF, cerca de un 27% del consumo de energía china se utiliza para productos que son consumidos fuera del país. El gigante asiático contamina su país para beneficio de los demás.

4- China es un país en vías desarrollo. Aunque los números totales la sitúen como la cuarta potencia económica, China todavía ocupa el puesto número 105 en PIB per capita.

Estos números tan fríos se resumen en que la gente en China pasa hambre y muere porque no puede pagar un médico. Parece bastante lógico, como defienden las autoridades chinas, diferenciar entre las “emisiones de lujo” del mundo desarrollado y las emisiones “de supervivencia” de los países en desarrollo.

Una vez más, la responsabilidad no se encuentra en los tejados de la Asamblea del Pueblo de Pekín, sino en los despachos de la Casa Blanca. Estados Unidos (y el resto de países desarrollados) tienen que liderar la lucha contra el cambio climático. Tienen que ser ellos los que den ejemplo y los que ayuden a los países en vías de desarrollo a reducir sus emisiones (inversiones en infraestructuras, traslado de conocimiento tecnológico, ayudas a las empresas menos contaminantes, instalación de energías renovables…)

5 – Por Dios, ¡China no tiene por qué ser siempre la mala de la película! Cualquier guionista medio inteligente se quejaría de la mediocridad de los guiones elaborados por la mayoría de directores de periódicos y agencias de comunicación. No han tirado ninguna bomba atómica, pero los pobres chinos tienen muy muy mala prensa. China es la mala en el conflicto de Darfur, en sus inversiones en África, su política respecto a Myanmar, de los errores de Mattel, el dinero destinado a modernizar su ejército… Ahora se ha unido el calentamiento global.

Por todo lo dicho aquí arriba, señorías, exijo que se deje de culpabilizar a China por el calentamiento global y se entiendan -y expliquen- todas las circunstancias expuestas en mi defensa. No puedo negar que el camino que tome China en los próximos años será fundamental para la preservación del planeta. Pero tampoco se puede negar que hay una responsabilidad histórica que Occidente tiene que asumir, que China está haciendo muchos esfuerzos para reducir su contaminación y que su condición de país en vías de desarrollo debería reducir una posible condena.

 

Actualización: el acusado (China), en un intento por mostrar pruebas y facilitar información (aunque hay que reconocer que ha sido una jugada un poco sucia), ha dado a conocer un día después de la Conferencia de Bali una lista con las empresas más contaminantes del país. Según estas informaciones, algunas de las empresas que más contaminan en China son multinacionales, entre ellas Michelin, las joint ventures de Toyota y Ford, Carlsberg o BASF.

Aunque estas pruebas puedan ser concluyentes para reducir la condenada del acusado, mi deber también como abogado defensor del medioambiente me obliga a reconocer que toda la culpa no es de “esos occidentales locos”. Si estas empresas no respetan el medio ambiente es precisamente porque en China no hay un marco en el que se cumplan normas estrictas para evitar la contaminación. Además, en esa lista también figuran algunas de las grandes empresas chinas, como Sinopec o PetroChina. El tema es mucho más complejo que una simple lista de las empresas más contaminantes.

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5 comentarios

Archivado bajo medio ambiente

5 Respuestas a “China y su contaminación

  1. Gracias Daniel por poner las cosas claras.Magnífico análisis. Te felicito. Lo subscribo cien por cien.
    Saludos

  2. Gracias, José Luis. Al menos he convencido a alguien del tribunal 🙂

  3. ¡Qué buen artículo, sí señor! Un 10.

  4. Pingback: China y su contaminación | Diario del Lobo Gruñón

  5. Pingback: Desarrollo humano de China « Un tren hasta Beijing

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