Jubilarse para saltar a la comba

En China es normal ver a personas de ochenta años saltando a la comba. Lo hacen con sus amigos, con la familia o con los nietos. En grandes plazas o en diminutos callejones. Como si acabaran de salir de clase y tan sólo tuvieran unos minutos para disfrutar del recreo.

Aunque a Cao Ming todavía no le ha dado por saltar a la comba, este músico de 63 años también se mantiene en forma. Dice que su secreto es tocar la batería unas cuatro horas al día, comer bien y disfrutar de sus nietos. Cuando le comento que se le ve muy bien y que parece mucho más joven, me responde como si de repente me hubiera convertido en su discípulo: “En China decimos que uno se hace viejo cuando no puede mover las manos ni los pies. Fíjate en como toco la batería y la guitarra. Yo los muevo. Soy joven. No sólo toco por la música, también por la vida. Así nunca te haces viejo”.

En Beijing, otras personas mayores prefieren disfrutar de su juventud con el Taichi, la meditación y otro tipo de ejercicios. Cuando la mayoría de jóvenes todavía está entre las sábanas, muchos ya llevan varias horas practicando Taichi en los parques. Es un espectáculo levantarse a las 6 de la mañana y acudir a los parques para contemplar sus movimientos pausados pero certeros, como pequeñas tortugas que avanzan poco a poco pero en la dirección precisa.

Fascinado por la vitalidad de las personas mayores y su papel en la sociedad china, acudí una vez más con todas mis preguntas a la tienda de bicicletas del viejo Lao Wang. En esta ocasión le pillé esperando clientes y recordando frases de Confucio: “en la sociedad tradicional china la piedad filial y la importancia de respetar a los mayores era algo casi sagrado. El mayor deber de un hijo era cuidar de sus padres. Ahora las cosas están cambiando. Los jóvenes cada vez se preocupan menos por sus mayores”.

Lao Wang me explicó cómo en la cultura tradicional china los hijos estaban obligados a seguir los consejos de sus padres, preparar sus funerales y cuidar de ellos hasta el último día. En la actualidad y en las grandes ciudades, las cosas han cambiado mucho. Algunos hijos incluso acuden a contratos legales para concertar las relaciones familiares: los hijos se comprometen a pagarse sus estudios mientras son jóvenes a cambio de que los mayores no les “molesten” cuando llegue su vejez.

Las relaciones sociales cambian en China a pasos agigantados. Aunque cada vez menos, los mayores gozan todavía de un prestigio y una vitalidad envidiables. En la actualidad, los espacios en los parques están pensados para que los jóvenes corran, pero también para que las personas mayores puedan hacer sus ejercicios de Taichi. Y los ancianos todavía compiten con los niños para ver quien salta mejor a la comba.

[Artículo publicado dentro de la serie Aprendiz en China, distribuido por el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)]

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