Huida al parque

Intentando escapar del bullicio y los gritos de la calle, la casualidad me llevó a descubrir el parque de Zizhuyuan, uno de los pocos lugares en Beijing donde parece imposible hacer ruido. No escuchaba el movimiento de las barcas en el lago ni el sonido del viento acariciando las hojas de los árboles, cuando Da Wang, que se ha convertido en mi anfitrión en la Universidad, llamó mi atención con un susurro.

Caminé a su lado durante varios minutos, preguntándole por lo que había comido y si su inglés, su principal obsesión, iba mejorando. Los dos hablábamos muy bajito, algo inusual en China, como si fuera un lujo tan sólo reservado para las veladas íntimas y los paseos por los parques.

Los parques en el centro de Beijing, típicos también de toda China, son un rincón de intimidad, descanso y respeto difíciles de encontrar en la gran ciudad. Es como si hubiera dos vidas: una fuera de los parques (ruidosa, acelerada) y otra dentro de ellos (pausada, casi a cámara lenta).

Estos templos de la tranquilidad son también un espectáculo diario. En ellos se practica Taichi desde las seis de la mañana, se escriben caracteres chinos con agua o se baila al compás de cualquier radiocasete improvisado. Los parques en China tienen también un aire mágico: cuando cae la noche cualquier tenderete se puede convertir en un cine. O incluso en una sala de karaoke.

En esta huida de la gran ciudad, los parques se convierten en los mejores gimnasios. Aquí se encuentran máquinas fáciles de utilizar y adecuadas para todo el mundo, mientras que la tranquilidad y el silencio te permiten también ejercitar tu mente. A parte del Taichi, la gente realiza infinidad de otros ejercicios indescifrables para un occidental, con raquetas y pelotas de tenis, pañuelos de colores y balones gigantes. Todos ellos comparten una característica: el silencio y la tranquilidad con la que se ejecutan.

Da Wang y yo contemplábamos toda esta actividad cuando llegamos a una casa de té situada en el mejor lugar del parque, justo frente al lago con el agua más brillante y las plantas más altas. Hay pocos placeres tan especiales en China como tomar un té frente a un lago justo antes de la puesta de sol.

– Da Wang, entremos -le dije ilusionado-.

– Lo siento, pero tengo que estar en casa antes de las 8 de la noche.

– Pero bueno, Da Wang –le dije con todo mi respeto-, ¡¡si todavía son las 6.30!!

– Por eso mismo. En China, si quieres tomar un té con un buen amigo, necesitas como mínimo dos horas. Si no, no merece la pena.

[Artículo publicado dentro de la serie Aprendiz en China, distribuido por el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)]

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2 comentarios

Archivado bajo Serie Aprendiz en China

2 Respuestas a “Huida al parque

  1. Mau

    Si yo decia que estaba lejos, tu estas hasta la china jijijiji

    saludos desde la bota

  2. Pingback: Guangzhou la vieja « Un tren hasta Beijing

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