China, la vuelta al centro

Desde que estoy en Beijing, mucha gente me ha preguntado si conozco Lenovo, la famosa empresa china de ordenadores que adquirió en 2005 la fabricación de PCs de IBM. Los chinos me lo preguntan muy orgullosos, sabedores de que esta empresa, que se ha convertido en el tercer fabricante de ordenadores del mundo, sólo por detrás de Dell y HP, es un buen ejemplo de la revolución económica que ha vivido el país en los últimos años.

Pero tal vez el actual despegue de China no debería pillarnos por sorpresa. Durante muchos siglos, China contó con muchos otros “Lenovos” que dominaban el mercado mundial y disponían de la tecnología más avanzada. Aunque no se estudie en las escuelas occidentales, China fue considerada durante siglos como la mayor potencia mundial. No sólo por su tamaño y su población, sino también por su refinamiento cultural, sus tradiciones filosóficas, su arquitectura y su desarrollo económico. Si el Imperio Romano estuvo fascinado por su seda y Marco Polo por la riqueza de sus ciudades, en el siglo XVIII China influía en toda Asia y era el Imperio más rico del globo.

Mi amigo Da Wang, que intenta ilustrarme sobre algunos de los misterios de China, me confirmó que ningún chino es ajeno al lugar que su país ocupaba en el pasado. Lo que vino después -guerra contra las potencias occidentales, colonización, caída del Imperio- es visto por casi todos como un paréntesis. Da Wang me lo resumía en tres frases: “Dos siglos en la historia de China no son nada. Un “bache” lo tiene cualquiera. China volverá a su posición natural”.

Y parece que es así. Por las calles más lujosas de Beijing, en torno a los rascacielos de Shanghai o en las universidades de Nanjing, miles de extranjeros han llegado a China para hacer negocios, aprender chino o probar suerte.

China se expande en todas direcciones e influye más allá de sus fronteras, como ha hecho durante casi toda su historia. En este nuevo proceso, la lengua china vuelve a tener un papel fundamental y su estudio se extiende por todo el mundo. Como afirma Ben Mok, manager general de Coca-Cola Bottling Co. Ltd. en Tianjin, las oportunidades sólo surgen para aquellos que saben adaptarse al Imperio. “Esto no era así hace 10 años. Ahora es simplemente como en la Dinastía Tang. Si los extranjeros quieren trabajar aquí, necesitan hablar chino”.

Al entrar en la Universidad de Beijing, una de las más prestigiosas de este país, uno contempla la visión que China tiene del planeta a través de los mapas del mundo que se encuentran por las paredes. En ellos no es el Océano Atlántico el que está en el medio, sino el Pacífico. Y China está justo en el centro.

[Artículo publicado dentro de la serie Aprendiz en China, distribuido por el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)]

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