LA FIGURA DE MAO ZEDONG



El papel de Mao Zedong en la historia de China es uno de los temas que acabará tarde o temprano generando debates encendidos en la sociedad china. De momento, tanto la gente como los gobernantes se limitan a seguir la línea oficial: Mao fue en un 70% positivo y en un 30% negativo.

A la hora de preguntar cuáles fueron los errores del dictador, los chinos lo tienen muy claro: La Revolución Cultural. Casi nadie parece ya dudar de que aquello se trató de una lucha encarnizada por el poder dentro del Partido Comunista y de que las consecuencias fueron pagadas por millones de chinos. Sin embargo, muy pocos se atreven todavía a dudar de la figura de Mao y ésta continúa gobernando la Plaza de Tiananmen. También es muy frecuente encontrar su rostro colgando de los parábrisas de los taxistas chinos.

Por otro lado, a los dirigentes comunistas no les interesa acabar con la figura de Mao. En cierto sentido su legitimidad proviene de él, y romper con su figura significaría poner en entredicho al Partido Comunista y al propio Gobierno.

Tampoco podemos olvidar el fenómeno comercial en el que se ha convertido el Gran Timonel. Las tiendas chinas están llenas de relojes, gorras, cuadros, carteles, banderas, libros y todo tipo de regalos relacionados con su rostro. Es cierto que se dirigen principalmente a los extranjeros, pero no dejan de ser un intento frívolo por no tomarse a Mao en serio (sería impensable encontrar estos tipos de regalos, por ejemplo, con la figura de Hitler o Stalin). Esta frivolización y comercialización responde también a la funcionalidad del carácter chino: ¿para qué preocuparse por Mao Zedong? ¿Por qué darle vueltas a una persona que ya está muerta? Mucho mejor convertirla en un negocio.


Si bien es cierto que se necesita una revisión histórica de Mao en China, tal vez nosotros también deberíamos corregir la imagen que tenemos de él. Según el último libro de Jung Chang y Jon Halliday (al cual, de todos modos, se le pueden poner muchas pegas), el dictador chino fue responsable de la muerte de 70 millones de personas. No estaría mal que, desde Occidente, donde muchos jóvenes fueron encandilados por la Revolución Cultural y el Partido Comunista Chino, tuviéramos las cosas más claras y pusiéramos a Mao en el sitio que le corresponde.

NOTA: Aprovecho para meter un vídeo que grabé en la Plaza de Tiananmen, con el retrato de Mao justo en la entrada de La Ciudad Prohibida. Los comentarios de “¡Mao cabrón!” se los debemos a mi amigo Adrián.

Actualización:

El País, La nueva historia de China
The Economist, Bid Bad Wolf

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Archivado bajo Asia, China, Viaje a China, viajes

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