Ni dragones, ni antiguas tradiciones incomprensibles, ni shocks culturales. Las Navidades chinas (uy, perdón, quería decir Festival de Primavera o Año Nuevo chino) son tan parecidas a nuestras fiestas que a mí me pareció estar en casa por momentos.
Por supuesto que el trasfondo es muy distinto. Está claro que las Navidades y el Año Nuevo chino no tienen orígenes similares, ni Dioses comunes, ni tradiciones compartidas. El origen y filosofía de ambas fiestas es totalmente distinto (hay todo un mundo de creencias y mitologías distintas), pero la forma en la que el chino medio celebra estas fiestas no difiere mucho de las celebraciones en Occidente.
Al final aquellos que defienden la teoría de que todas las culturas comparten unos rasgos esenciales parecen tener razón. El Año Nuevo chino, como la Navidad en España, se basa en estar con la familia, comer y beber. La única diferencia es que durante tres días la banda sonora son los fuegos artificiales callejeros, pero el resto tiene el mismo sabor a nostalgia, familia y reencuentro.
En Nanjing, con la familia china que me acogió para celebrar el Festival de Primavera

Periodista, trotamundos y vividor. En la actualidad, y gracias a una beca de la 
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Año Nuevo en Yunnan (I): la víspera « Un tren hasta Beijing // Enero 30, 2009 a 4:57 am |
[...] Nota (II): la experiencia en esta familia fue increíble, porque finalmente pude ver con mis propios ojos todo lo que había leído sobre las celebraciones del Festival de Primavera. Mi experiencia el año pasado en Nanjing no fue tan tradicional. [...]